Juana Rendu nació en la localidad
de Confort (departamento de Ain), Francia, el 9 de septiembre de 1786.
Sus
padres eran Juan Antonio Rendu y María Ana Laracine. A los pocos años muere su padre
y su madre se queda al cuidado de sus tres hijos. Era la época de la Revolución, tiempos
difíciles.
Recibió la primera comunión de forma clandestina.
Hizo sus estudios
en el pensionado de las Ursulinas en Gax, a varios kilómetros de Confort.
Tenía
sólo 16 años cuando se entregó a Dios y a los Pobres ingresando en la Compañía de las
Hijas de la Caridad, un 25 de mayo de 1802. Durante toda su larga vida pudieron verse
reflejadas en ella las virtudes de San Vicente de Paúl. La caridad la impulsó no sólo
a socorrer sin descanso todas las miserias, sino también a llevar a cabo gestos verdaderamente
heroicos. Su nombre y su acción se encuentran en el inicio de todas las obras caritativas
que florecieron en la primera mitad del siglo XIX, como la Sociedad de San Vicente
de Paúl.
Federico Ozanam, su fundador fue uno de sus amigos privilegiados. Conoció
muy bien el espíritu, la generosidad y el amor a los pobres de Ozanam.
Sor
Rosalía tuvo la dicha de ver reunirse varias veces en su casa de la calle L'Epée de
Bois, a los primeros hermanos de San Vicente de Paúl y sentir como se avivaba y propagaba
el fuego de la caridad.
Los jóvenes venían en grupo o individualmente a su casa
a buscar consejos, orientaciones, para luego ser mensajeros de la caridad.
A través
de su experiencia orientó el apostolado de este grupo, fue su consejera. Ella fue
la que concibió la idea de que la conferencia de San Vicente de Paúl se desdoblara
para que la caridad se extendiera a otros lugares, ya que desde el principio estaba
destinada a funciones entre los compañeros de escuela y así funcionó por dos años. Vencidos
los obstáculos ante esta idea, sus miembros se decidieron a seguir esa intuición. La
obra comenzó a difundirse por todas partes.
Las virtudes que durante su vida
practicó Sor Rosalía fueron: la fe, la esperanza, la caridad, la fortaleza, la justicia,
la pobreza, la castidad y la obediencia.
Murió, literalmente agotada por los 54
años pasados al servicio de los Pobres, el 7 de febrero de 1856. Su tumba, en el cementerio
Montparnasse de París, continuamente visitada, está siempre adornada de flores.
Hay
una inscripción que dice: A la bondadosa madre Sor Rosalía sus agradecidos amigos
los pobres y los ricos.
En el barrio que vivió, al que tanto amó y
ayudó, una avenida lleva su nombre: "Sor Rosalia".
Causa de beatificación
El 7 de noviembre la 'Consulta de Médicos de la Congregación para las Causas de los Santos' dió el "parecer favorable" sobre una curación obtenida por la intercesión de Sor Rosalía, como extremamente rápida, completa, duradera y científicamente inexplicable. Los pasos siguientes serán la aprobación del examen de los Teólogos, de los Cardenales y el parecer decisivo del Santo Padre.
El 12 de abril de 2003 fue leído el decreto de aprobación del milagro obtenido por intercesión de Sor Rosalía Rendu en presencia del Santo Padre, del P. Robert P. Maloney, Superior General, Sor Juana Elizondo, Superiora General y el P. Roberto D'Amico Postulador de las Causas de los Santos para la Familia Vicenciana.
La persona curada milagrosamente por intercesión de Sor Rosalía es Sor Teresa Béquet (nacida en 1910, en Perros-Guirec, Bretagne, Francia). En 1942 comenzó a tener dolores en las articulaciones, que llegaron a dejarla inválida. perdió también la visión de uno de los ojos. Los doctores, sin poder hacer un diagnóstico preciso, afirmaron que era una enfermedad neurológica progresiva de carácter grave con problemas motores y de sensibilidad, etc. La terapia utilizada en aquella época no era efectiva ni adecuada.
El 1 de Febrero de 1952, cuando toda la comunidad invocaba la intercesión de la Sierva de Dios, Sor Béquet obtuvo la curación repentina: todos los signos patológicos desaparecieron inmediatamente.
El 9 de noviembre de 2003 fue beatificada en Roma por su Santidad Juan Pablo II.
Palabras del Papa en la homilía de la misa de beatificación:
"En una época atormentada por conflictos sociales, Rosalie Rendu se hizo con alegría sierva de los más pobres para restituir a cada uno su dignidad, a través de la ayuda material, de la educación y de la enseñanza del misterio cristiano, moviendo a Frédéric Ozanam a ponerse al servicio de los pobres.
Su caridad era creativa. ¿De dónde sacaba la fuerza para hacer todo lo que hizo? En su intensa vida de oración y en el rezo incesante del rosario, que no abandonaba nunca. Su secreto era sencillo: como auténtica hija de Vicente de Paúl, al igual que otra hermana de su época, santa Catherine Labouré, vio en todo hombre el rostro de Cristo. ¡Demos gracias a Dios por el testimonio de caridad que la familia vicentina no deja de ofrecer al mundo! "
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Hijas de la Caridad