- La vida difícil - La oscuridad de la fe
I. EXPOSICIÓN BREVE
El símbolo de los corazones entre espinas
y llamas que se ven en el reverso de la Medalla Mila-
grosa, sugiere profundos
sentimientos a nuestro corazón humano. Hay una espada que atraviesa,
dolorosamente
también para nosotros, el corazón de nuestra Madre. Quiere decir que, al igual
que
su Hijo, se hizo semejante a nosotros en todo menos en el pecado. Por eso tenemos
la cer-
teza de que nos acompaña al caminar, nos comprende y nos ayuda.
El anciano
Simeón le habla a María en realidad de dos espadas: la espada de la contradicción que
va a sufrir su Hijo, la que hará que unos caigan y otros se levanten, la que dejará
patente lo que
cada uno piensa; y la espada que atravesará su propio corazón.
La
vida de la Virgen María fue como la de uno de nosotros, los problemas de cada día,
dándonos
ejemplo de certeza y de lucha en la inseguridad de la fe. Ella nos recuerda
a Abraham, el padre de los creyentes, que inauguró la Antigua Alianza con su disposición,
por la fe y obediencia, al sacrificio de su hijo Isaac. Como él, en el amanecer de
la Nueva Alianza, Mría "estaba junto a la Cruz",
ofreciendo realmente
a su Hijo Jesús al Padre para la salvación del mundo. Por eso es "la madre
de
los creyentes", poseedora de una de madura, la que sabe el sacrificio total
de la persona y le
da a Dios y a sus planes salvadores un crédito sin límites.
II.
LECTURA DE LOS ESCRITOS DE SANTA CATALINA LABOURÉ
- Vi en el reverso de
la Medalla ... los sagrados Corazones de Jesús y de María, que yo distinguí,
porque
el uno estaba rodeado de una corona de espinas y el otro traspasado por una espada
...
III. CATEQUESIS DEL PAPA SOBRE LA SANTÍSIMA VIRGEN
El Concilio subraya la dimensión profunda de la presencia de la Virgen en
el
Calvario, recordando que "mantuvo fielmente la unión con su Hijo
hasta
la cruz" (Lumen gentium, 58), y afirma que esa unión "en la obra
de
la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal
de Cristo
hasta su muerte".
(Catequesis del Papa, L'Obsservatore Romano n. 14,
4 abril 1997 - María, al
pie de la cruz, partícipe del drama de la Redención)
Jesús, después de haber confiado el discípulo Juan a María con las palabras:
"Mujer,
he ahí a tu hijo", desde lo alto de la cruz se dirige al discípulo amado
diciéndole:
"He ahí a tu madre" (Jn 19, 26-27). Con esta expresión, revela a
María
la cumbre de su maternidad: En cuanto Madre del Salvador, también es Madre
de
los redimidos, de todos los miembros del Cuerpo Místico de su Hijo.
(Catequesis
del Papa, L'Osservatore Romano n.19, 9 mayo 1997- "He ahí a tu madre")
IV. LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Evangelio de San Lucas 2, 21-35
V. PARA LA REFLEXIÓN
1. ¿Estas consciente de que Jesús te acompaña.
te comprende y te ayuda en todos los momentos?
2. El anciano Simeón le profetizó
a María el sufrimiento de su Hijo. ¿Eres capaz de asumir los
sufrimientos que el
Señor te manda?
3. ¿Qué significa la frase "hágase tu voluntad"? ¿Cumples
la voluntad de Dios día a día?
4. ¿Cuál es tu actitud ante las dificultades de
la vida y ante los absurdos del mundo?