A.I.C. Asociación International
de Caridades. Fundadas por San Vicente de Paúl.
Sus orígenes se remontan a 1617,
cuando san Vicente de Paúl reunió por primera vez, en Châtillon-les-Dombes,
en Francia, un grupo de señoras y organizó la asistencia a las familias pobres de la
parroquia.
A este primer grupo, siguieron otros. San Vicente les dio el nombre
significativo de "Caridades".
Él mismo promovió la difusión, no sólo en
Francia, sino también en Italia y Polonia, creando de hecho, una Asociación Internacional.
Para favorecer la unidad de esta obra, san Vicente les dio unas reglas comunes, inspiradas
en la imitación de Cristo, en el amor evangélico sin fronteras, en la organización de
los miembros y la creatividad, a fin de encontrar cauces siempre nuevos de ayuda
a los pobres.
Más aún, para que las Caridades se mantuvieran unidas, san Vicente
escribió una serie enorme de cartas y hasta creó un verdadero noticiario, no muy distinto
de nuestros actuales boletines, al que dio el nombre de "Relations". Esto
era ya una manera de organizar la caridad y constituye uno de los méritos más geniales
de nuestro Fundador.
La primera fundación de San Vicente de Paúl adquiere
carácter internacional
Después de la muerte de san Vicente, las Caridades
se extendieron a otros muchos países, gracias a los Sacerdotes de la Misión y a las
Hijas de la Caridad. Nacieron así las Asociaciones nacionales, unidas entre sí, por
vínculos de colaboración y coordinadas por la Presidenta de la Asociación francesa.
Mientras, en otros países, otros grupos nacidos espontáneamente se integraban en la
Asociación de las Caridades, en la que reconocían los mismos objetivos. Esta colaboración
internacional se interrumpió en el siglo XVIII, cuando la Asociación francesa debió
cesar de su actividad a causa de la revolución de 1789. Sabemos, sin embargo, que
ya en 1840,
la Asociación francesa había reanudado contactos con otras asociaciones.
En 1930, se celebró por primera vez un Congreso Internacional de las ""Caridades".
Siguieron otros, con el paréntesis de la II Guerra Mundial, dado que las relaciones
internacionales se debieron interrumpir. Pero los Congresos se volvieron a tener
después de la Guerra.
En 1971 la AIC adquiere estatuto internacional
y se actualiza en la línea del Concilio Vaticano II
En los años sesenta,
la Asociación empezó a advertir la necesidad de actualizarse. En muchos
casos, se
abandonó el viejo nombre de "Damas", ya totalmente pasado. Las Asociaciones
de los
distintos países, atentas a los signos de los tiempos, conscientes de los
cambios acaecidos en la
sociedad mundial y en la Iglesia posconciliar, decidieron,
en coherencia con las enseñanzas de
Vicente, cambiar los métodos y las estructuras,
dándose un Estatuto Internacional, conforme a las
exigencias de los tiempos.
Fue
en 1971 cuando las Delegadas de 22 asociaciones nacionales, reunidas en Asamblea
Extraordinaria,
aprobaron el nuevo Estatuto y adoptaron el nombre de AIC (Asociación
Internacional
de "Caridades"). Con la opción de mantener en el nuevo nombre la antigua
denominación
de las "Caridades", las Voluntarias querían confirmar su fidelidad al origen
de la obra creada por san Vicente y su fidelidad a la enseñanza profética de su Fundador.
El
año de 1971 fue el año en el que la Asociación dio un giro en su historia. El reconocimiento
de la Asociación Internacional y la adhesión al espíritu innovador del Concilio Vaticano
II han dado un nuevo impulso a AIC que, desde entonces, ha continuado desarrollándose,
y ha madurado mediante una continua renovación de su pensar y actuar, una idea más
consciente del propio rol
en la sociedad civil, en la comunidad internacional
y en la Iglesia.
Con el lema "Contra las pobrezas actuar juntos"
la AIC se convierte en una red de proyectos a través del mundo
Actualmente,
AIC está presente en muchos países de Europa, de Latinoamérica, de América del
Norte,
de Asia, África y suma unas 42 asociaciones con 250.000 Voluntarias, todas
comprometidas
en esforzarse por vivir, de manera adecuada en nuestra época, el proyecto
fundamental
de Vicente de Paúl, nuestro Fundador: "Contra las pobrezas, actuar juntas".
Para
favorecer este compromiso común, AIC se empeña en formar las Voluntarias, organizando
seminarios
a nivel mundial y regional, visitando a las distintas Asociaciones, publicando y
difundiendo documentos para la reflexión y para la formación. Coordina también la actividad
de
las Voluntarias con vistas a una mayor eficacia en favor de los pobres y de
los marginados, ayudándoles a realizar los proyectos locales, a encontrar subvenciones
de organismos internacionales, a facilitar los intercambios y colaboraciones con
proyectos semejantes.
AIC se ha dado cuenta de ser ella misma una red mundial
de lucha contra la pobreza y de
promoción de los pobres, y está empeñada concretamente
en suscitar tal conciencia en el interior de las propias Asociaciones.
En
fin, AIC está preocupada por la situación de pobreza y comprometida en la creación de
grupos en países donde la Asociación no existe aún. Con frecuencia, es necesaria
en estos países las presencia de Voluntarias bien preparadas, así como la presencia
invaluable de las Hijas de la
Caridad, cuyo apoyo en esta línea ha demostrado ser
determinante.
Consciente de la mundialización de los problemas de la
pobreza, la AIC se inserta en la
vida de los grandes organismos internacionales
AIC,
en cuanto Asociación mundial, es sabedora de tener una tarea en la vida internacional.
Por
esto, representa las propias Asociaciones ante los grandes organismos, sean
gubernativos o no;
tiene el estatuto consultivo ante la UNESCO, ECOSOC y el Parlamento
Europeo; colabora con
otros muchos organismos; participa en redes y plataformas
internacionales y es miembro del
CIAS (Comité Internacional de Acción Social),
de la Conferencia de las OIC (Organizaciones
Internacionales Católicas, de la UMOFC
(Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas
Católicas) y de otras plataformas
de asociaciones femeninas.
La AIC, asociación de mujeres, da particular
atención a los problemas de las mujeres
La participación en las iniciativas
en favor de las mujeres es, por supuesto, coherente con la
opción hecha por AIC
que, en cuanto Asociación prevalentemente femenina, desde siempre tiene presente,
con particular atención, la situación de las mujeres pobres, doblemente penalizadas,
porque son mujeres y porque están marginadas, ahonda en el conocimiento de sus necesidades
y de las situaciones de injusticia y de violencia en las que viven. Precisamente,
para ser fiel a esta opción, AIC participa con espíritu de responsabilidad, en todas
las grandes iniciativas mundiales referentes al mundo femenino. Actualmente, colabora
mediante sus representantes, en las iniciativas de numerosas ONG y OIC, que están
preparando la Conferencia Mundial de la Mujer, que tendrá lugar en Pekín en 1995. AIC
sabe que puede dar su aportación específica, gracias a
la experiencia concreta
de las mismas Voluntarias y a la idea desarrollada en estos años sobre la importancia
del rol de las mujeres en las familias más pobres y marginadas. Tal idea puede ser
para todos una base notable de reflexión. Son las mujeres las que, aun en una situación
subalterna, se hacen cargo de muchos problemas familiares y con frecuencia son las
mediadoras o agentes de paz en un contexto señalado por desgarramientos y contrastes.
La
AIC adopta como líneas de acción: la formación, la comunicación, la solidaridad, la
autopromoción,
tomadas como eje de su acción junto a las familias pobres
Para ser fiel
al propio quehacer, AIC siente con fuerza la exigencia de actualizarse continuamente,
para
encontrar los medios de promoción de los pobres en un determinado tiempo y en una
determinada
cultura. Por esto, en 1990, en Asís, la Asamblea de las Delegadas ha precisado las
propias
Líneas de Acción, puesta la mirada en el empeño común de favorecer la formación, la
comunicación,
la solidaridad y la autopromoción. Tales Líneas han sido concretadas, desarrolladas
y ampliadas durante la reciente Asamblea de 1994 en la ciudad de Antigua (Guatemala),
en
coherencia con el camino recorrido por la Asociación, en este período. En realidad,
la reflexión de
AIC, permaneciendo fiel a las opciones fundamentales, ha abierto
en el curso de los años nuevas
sendas y ha señalado nuevas metas.
La antigua
opción de estar al lado de las familias más pobres, frecuentemente marginadas, obligadas
a vivir en condiciones de graves dificultades sociales, ha sufrido hondos cambios.
Uno
se da cuenta que la simple asistencia era ineficaz y terminaba creando nuevas
dependencias. Hay que hacer que los pobres participen en su propia promoción.
Todo
esto ha hecho que madurara una nueva comprensión de la importancia de la familia,
vista en
toda su globalidad, como la primera célula de la comunidad humana y el
primer elemento nuclear de solidaridad. Se han precisado nuevas y más profundas motivaciones
en el campo sociológico.
Precisamente, de tales motivaciones ha nacido la
idea de que no basta sostener a las familias más
pobres, sino que es necesario
también ayudarlas a tomar conciencia del valor y de los derechos de
la familia
y luchar con ellos para defenderlos. En esta tarea, las Voluntarias de AIC han encontrado
preciosas
aliadas en las mujeres de aquellas mismas comunidades. Se han mostrado de verdad
muy
sensibles a la dimensión familiar y social. Ha nacido así, una solidaridad entre
las mujeres, que se
expresa concretamente en la participación activa en las iniciativas
de sostén comunitario,
concordadas y realizadas por las Voluntarias y por las mujeres
de la comunidad local que, con
frecuencia, escogen ser ellas también Voluntarias,
comprometidas en la autopromoción de sus
comunidades.
La idea de la autopromoción
de los pobres, actualmente una de las metas prioritarias de AIC, ha
surgido dentro
de la Asociación debido a una intuición de las Voluntarias latinoamericanas,
alarmadas
por los sufrimientos de las comunidades más marginadas, donde la dignidad de las
personas
no es respetada, ni sus derechos y, sobre todo, el derecho de decidir sobre la propia
vida.
Para oponerse a esta negación del derecho de los pobres a ser agentes de
la propia promoción, las Voluntarias latinoamericanas han acometido la tarea de la
animación comunitaria, dirigida a suscitar en los mismos pobres la voluntad de poner
en acción las iniciativas y los proyectos de
autopromoción. De la América Latina,
esta intuición fundamental se ha extendido, con mayor o
menor dificultad, en todo
el mundo y hoy, en todos los países, existen Voluntarias de AIC
empeñadas en proyectos
de este tipo.
En 1994 la AIC asume la defensa de los derechos humanos
de los más pobres
Con el paso de los años, la idea de la autopromoción se
ha desarrollado y ha orientado a las
Voluntarias hacia la búsqueda más profunda
del valor social del individuo. Así, se ha visto que nadiepuede promoverse por sí solo,
y que todo desarrollo auténtico puede surgir únicamente dentro del ambiente familiar
y social. Se ha emprendido además una búsqueda sobre las injusticias que, principalmente,
sufren los pobres. Hoy, muchos de ellos se sienten rechazados, puestos al margen
de todo, excluídos de toda participación, expulsados de la sociedad. Esta marginación
es
gravemente injusta, porque niega al pobre gozar de sus derechos fundamentales.
Lo indica con precisión la "Declaración Universal de los Derechos Humanos"
de las Naciones Unidas, donde se dice que toda persona tiene el derecho de ser protegida
de toda discriminación (art. 7), de disponer de los medios suficientes para el libre
desarrollo de su personalidad (art. 22), de participar en la vida pública (art. 21)
y cultural de su comunidad (art. 27). Luchar contra la marginación social es, pues,
como decía el Señor Vicente, obra de justicia antes que obra de misericordia.
Para
lograr la evangelización de las culturas la AIC ve la necesidad de ejercer acciones
políticas de presión sobre las estructuras y acciones de prevención
Las Voluntarias
han puesto en movimiento una reflexión sobre cuál sería su deber ante la negación
de
tantos derechos. Durante la reciente Asamblea de las Delegadas, que se ha celebrado
en Antigua (Guatemala), las delegaciones de las Asociaciones AIC del mundo han decidido
comprometerse en una acción "política", que consiste, de un lado, en denunciar
las injusticias que golpean a los pobres, sobre todo a las mujeres, y de otro lado,
en presionar sobre las estructuras públicas, para que sean reconocidos y defendidos
los derechos de los individuos, de las familias y de las comunidades marginadas.
En
este compromiso político, las Voluntarias de AIC colaborarán con otras organizaciones
del
Voluntariado y con las fuerzas sociales más abiertas a los problemas de la
justicia, sabedores de que esta tarea no se puede llevar adelante solos, es necesario
cumplir una vasta actividad de
sensibilización de la opinión pública y difundir en
la sociedad la idea de que la pobreza no es una
fatalidad para resignarse, ni
para mitigar los efectos con simples paliativos, sino que es una injusticia contra
la que es necesario luchar, incluso con intervenciones adecuadas en el campo
de
la prevención y de la sensibilización de las culturas, entendiendo por cultura todo
el conjunto
de ideas, conocimientos, historia, tradiciones que forman la mentalidad
corriente.
Las Voluntarias de AIC han, por tanto, ampliado su búsqueda para
individuar, en el bagaje
cultural de la sociedad en la que viven, las motivaciones
que dan pie a tantas situaciones de injusticia y de falta de respeto a la dignidad
de los marginados. Se ha descubierto una amplia
gama de mentalidades que van
desde el explícito desprecio de los débiles, considerados como fracasados, incapaces
y, por consiguiente, indignos de gozar de sus derechos fundamentales,
hasta otros
sentimientos más difuminados que manifiestan, sin embargo, una total falta de confianza
en los pobres y que hace que se los sustituya y se les dé una asistencia humillante.
Es evidente, que todas esas mentalidades obstaculizan gravemente la auténtica autopromoción,
basada en el respeto y en la mutua solidaridad.
Hacia una cultura de la
solidaridad y de la autopromoción, el respeto y la paz
Gracias a esta reflexión,
AIC ha llegado a la constatación de que, para defender la dignidad humana y la justicia,
es necesario comprometerse a arrancar de raíz tales mentalidades, a transformar convencimientos
interiores muy difundidos y con raíces muy profundas. Hay que llegar a intervenir
en las culturas existentes, consiguiendo, mediante un trabajo lento y tenaz, la creación
de una nueva cultura de paz, de respeto, de solidaridad y de autopromoción.
Solamente,
cuando esta cultura esté extendida, se verificará en la comunidad humana cuanto desea,
desde
las primeras líneas, la Declaración Universal de lo s Derechos Hu manos: "El reconocimiento
de la dignidad inherente a todos los miembros d
e la familia humana y de sus derechos iguales e
inalienables constituye el fundamento
de la libertad, de la justicia y de la paz" (Preámbulo).
Las Voluntarias
de AIC, miembros de una asociación católica que se inspira en los valores de la
caridad
y de la solidaridad cristiana, no pueden ignorar la fuerza que el anuncio del Evangelio
podrá dar a su actividad. Solamente, una evangelización de la sociedad, que logre profundas
raíces en la cultura, podrá, de hecho, dar lugar a una conversión de las mentalidades.
Para
esta reflexión, han servido de gran ayuda los más recientes textos del Magisterio de
la
Iglesia, que ilustran el deber de los cristianos de evangelizar a las personas,
a las comunidades y a las culturas. Se trata de una manera nueva de vivir el mensaje
de Cristo y de anunciarlo, acercándose mutuamente las distintas comunidades humanas,
de tal modo que "el Evangelio encarnado en sus culturas ponga en evidencia
toda su vitalidad y que entren- ellas- en diálogo de comunión con las demás comunidades
cristianas para mutuo enriquecimiento" (Constituciones de la IV Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano, en Santo Domingo, n.299)
Importancia
de la interacción con la Familia vicenciana
Este proceso, fundamentalmente
cristiano y eclesial, este camino, lo hemos recorrido simpre
unidas a la gran
Familia vicenciana, particularmente a los Sacerdotes de la Misión y las Hijas de
la Caridad, que han sido siempre ejemplo y estímulo en nuestro trabajo. Ahora, a partir
de la reunión del 3 de junio de 1995, iniciamos una más profunda relación e interación,
que nos llevará
a hacer vida, de manera más plena y próxima a nuestras raíces, el
proyecto fundamental de San Vicente de Paúl, que nos fundó para trabajar en colaboración.
Para
información:
A.I.C. - Secretariado Internacional
Rue Joseph Brand, 118
B
- 1030 Bruselas - Bélgica
Tel. (32) 2-245-89-33
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